
Versión en español
Un Miserere, cantado en común por una muchedumbre azotada del destino, vale tanto como una filosofía. No basta saber curar la peste, hay que saber llorarla. Sí, hay que saber llorar. Y acaso ésta es la sabiduría suprema.
Un pedante que vio a Solón llorar la muerte de un hijo, le dijo: ¿Para qué lloras así, si de nada sirve? Y el sabio le respondio: Por eso precisamente, porque no sirve.
Miguel de Unamuno,
Del sentimiento trágico de la vida,
cap. I
