031 · El regreso de los dioses

El regreso de los dioses, 2000. pigmentos y acrílico sobre arpillera, 98 x 125 cm

031
El regreso de los dioses
Galería VIII: «Deseos»
2000
pigmentos y acrílico sobre arpillera
98 x 125 cm
colección particular

De Rudder

Sussane De Rudder (1928).
Escritora belga.

Le retorur des dieux

French original

Le retour des dieux

Les dieux ont leurs élans de gratitude
ils se racontent leurs histoires
et,
se retrouvent dans des lieux inconnus
puis,
ils s'en vont
vers d'autres horizons.

Ils se reposent de leurs visites éphémères
sur notre terre.

Et,
nous les gratifions du bonher
qu'ils nous ont apporté.

Paix à leur ombre bienfaisante.

Paix à ceux qui les comprennent.

Paix à ceux qui les appellent.

Et,
paix a celle qui les fait apparaître,
eclater en faisceaux de couleurs
chatoyantes, étincelantes.

Celle
qui les font s'èveiller
a notre entendement.

Susan

El regreso de los dioses

Los dioses tienen sus arrebatos de gratitud
se cuentan sus historias
y,
se reencuentran en lugares desconocidos
despues,
se van
hacia otros horizontes.

Descansan de sus visitas efímeras
a nuestra tierra.

Y,
les agradecemos la felicidad
que nos han dado.

Paz a su sombra benéfica.

Paz a quienes les comprenden.

Paz a quienes les invocan.

Y,
paz a quien les hace aparecer,
estallar en haces de colores
tornasolados, deslumbrantes.

La
que les hace despertarse
a nuestro entendimiento.

Susan

Jorge Luis Borges

Jorge Luis Borges (1899-1986).
Escritor argentino.

Spanish Original en español

El lugar era la Facultad de Filosofía y Letras; la hora al atardecer. (...) Bruscamente nos aturdió un clamor de manifestación o de murga. Alaridos humanos y animales llegaban desde el Bajo. Una voz gritó: ¡Ahí vienen! , y después ¡Los Dioses! ¡Los Dioses! Cuatro o cinco sujetos salieron de la turba y ocuparon la tarima del Aula Magna. Todos aplaudimos llorando; eran los Dioses que volvían al cabo de un destierro de siglos. Agrandados por la tarima, la cabeza echada hacia atrás y el pecho hacia adelante, recibieron con soberbia nuestro homenaje. (...) Tal vez excitado por nuestros aplausos, uno, ya no sé cuál, prorrumpió en un cloqueo victorioso, increíblemente agrio, con algo de gárgara y de silbido. Las cosas, desde aquel momento, cambiaron.

Todo empezó por la sospecha (tal vez exagerada) de que los Dioses no sabían hablar. (...) Bruscamente sentimos que jugaban su última carta, que eran taimados, ignorantes y crueles como viejos animales de presa y que, si nos dejábamos ganar por el miedo o la lástima, acabarían por destruirnos.

Sacamos los pesados revólveres (de pronto hubo revólveres en el sueño) y alegremente dimos muerte a los Dioses.

Jorge Luis Borges,
El Hacedor, «Ragnarök».