José Gutiérrez Solana


«...vuelve el recuerdo de aquellos días en que Solana nos pintó aprovechando a los que quedaban sin veranear -por eso no hay más comensales- bebiéndonos las botellas y el sifón del cuadro -hubo que reponerlos cuatro veces-, sorprendiéndonos un día el genial golpe solanesco de esos antepasados que aparecen en el fondo del espejo. Es una experiencia fuerte y sin ambigüedades la de un cuadro así, con ese desacople de los retratados que van cayendo mientras el cuadro perdura, raleados según un sorteo en que un día me tocará a mí, porque la única esperanza que me queda es que sea lo más tarde que pueda ese pagar la última conscripción, y sólo entonces, cuando ya todos seamos fantasmas, el lienzo bogará sin lastre por los canales de su propia inmortalidad.»

Ramón Gómez de la Serna, Automoribundia, capítulo C, Buenos Aires: Sudamericana, 1948


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